Estamos en una crisis de agua. Necesitamos actuar como tal

OUna de las mayores lecciones de la pandemia es que podemos enfrentar los desafíos de las amenazas existenciales cuando combinamos el poder colectivo de nuestra creatividad, innovación e industria. A medida que la crisis climática empeora, debemos abordar la protección y preservación del agua con la misma urgencia que ponemos en la creación de vacunas. Tenemos que actuar como si las vidas estuvieran colgando de un hilo, porque así es.

El agua ya está dando forma a nuestra política, nuestra economía y también nuestra seguridad nacional. Ya sean inundaciones o sequías, tormentas o incendios forestales, demasiada agua o muy poca, el agua da forma a la vida en los Estados Unidos y en todo el mundo. Actualmente estamos viendo este juego en tiempo real en Occidente, que en muchos sentidos es la zona cero del cambio climático, ya que vemos la intersección entre mega-sequía y la temporada de incendios chocando entre sí.

En 2012, la comunidad de inteligencia preparó un reporte sobre la seguridad hídrica mundial, pronosticando que dentro de una década la escasez de agua y las inundaciones en muchos países “arriesgarían la inestabilidad y el fracaso estatal, aumentarían las tensiones regionales y los distraerían de trabajar con los Estados Unidos”. El mismo informe predijo que antes de 2040, la demanda mundial de agua dulce no se mantendría al día con el suministro, a menos que administremos nuestra agua mucho mejor de lo que lo hacemos hoy.


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Solo este año Cocina Central Mundial trabajó en estrecha colaboración con el Programa Mundial de Alimentos para entregar 27.000 kits de alimentos a las familias guatemaltecas en los meses posteriores a los intensos huracanes que destrozaron el país. Los cultivos que los sustentaban fueron destruidos y, en algunos lugares, las aguas tardaron meses en calmarse.

A partir de este ejemplo y de muchos otros queda claro que la escasez de agua y las mega tormentas alimentadas por el cambio climático ya están poniendo en peligro la paz y la prosperidad en diferentes partes del mundo. Si somos honestos, también podemos ver ese potencial aquí en casa. Pero la verdad es que no tiene por qué ser así. El agua puede y debe ser una fuente de cooperación, innovación y generosidad.

Desde la fuente hasta el sumidero, debemos ser mucho más inteligentes en la forma en que administramos el agua, y compartimos nuestro conocimiento, tecnología e inversión, para que la naturaleza y las personas puedan prosperar juntas.

Comencemos con el mayor uso del agua: nuestra comida. La agricultura representa aproximadamente el 70 por ciento del uso de agua en todo el mundo. Nuestro planeta está gimiendo bajo el peso de nuestras demandas de más, a medida que crece la población del mundo mientras que el aumento de las temperaturas hace que sea más difícil encontrar agua dulce.

Necesitamos hacer preguntas críticas sobre cómo podemos hacer más con menos. ¿Dónde podemos cultivar de manera más inteligente, utilizando cultivos de cobertura o un riego más eficiente para proteger el suelo y el agua? ¿Cuál es el equilibrio de tener suficientes peces en los océanos para mantener una cadena alimentaria próspera y, al mismo tiempo, proporcionar suficientes productos del mar para alimentar de manera sostenible a las personas y respaldar los trabajos de pesca?

La buena noticia es que si nos tomamos el tiempo para pensar y actuar colectivamente, existen soluciones que nos permitirán alimentar a más personas y al mismo tiempo proteger nuestra agua.

Podemos aplicar innovaciones en tecnología como monitores electrónicos que ayudan a los agricultores y ganaderos a manejar con precisión los nutrientes que colocan en el suelo, para que no se conviertan en contaminantes en nuestra agua; o navegación por satélite que ayudan a reducir los costos de la pesca sostenible para las empresas de todo el mundo, de modo que la industria pesquera sea tanto ambiental como económicamente sostenible.

También necesitamos hacer grandes preguntas sobre cómo podemos trabajar mejor con la naturaleza para mitigar algunos de los peores impactos del cambio climático en el agua. ¿Dónde podemos apoyar la infraestructura natural para proteger a las comunidades de la escasez de agua, las inundaciones o las marejadas ciclónicas?

Necesitamos dejar de dañar los recursos que tenemos, conservar lo que queda y encontrar formas de vivir de manera diferente. Necesitamos cultivar en tierra y cosechar del mar con nuevos métodos que construyan un futuro mejor. Lo más importante es que debemos invertir unos en otros, en comunidades que se preocupan por los demás antes de que ocurra un desastre, no solo después de la tormenta o el incendio.

Es muy fácil dar por sentada el agua. Pero el agua está siempre presente en los desastres que sufrimos en nuestro país y en todo el mundo. Debe estar presente en nuestro pensamiento, nuestra planificación y nuestras políticas, para que también podamos planificar nuestro futuro.

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